LAS CIUDADES Y EL CIELO. 3

El que llega a Tecla poco ve de la ciudad, detrás de las cercas de tablas, los
abrigos de arpillera, los andamios, las armazones metálicas, los puentes de madera
colgados de cables o sostenidos por caballetes, las escalas de cuerda, los esqueletos
de alambre. A la pregunta: --¿por qué la construcción de Tecla se hace tan larga?--
los habitantes, sin dejar de levantar cubos, de bajar plomadas, de mover de arriba
abajo largos pinceles: --Para que no empiece la destrucción --responden. E
interrogados sobre si temen que apenas quitados los andamios la ciudad empiece a
resquebrajarse y hacerse pedazos, añaden con prisa, en voz baja: --No sólo la ciudad.
Si, insatisfecho con la respuesta, alguno apoya el ojo en la rendija de una
empalizada, ve grúas que suben otras grúas, armazones que cubren otras armazones,
vigas que apuntalan otras vigas.
--¿Que sentido tiene este construir?--pregunta--. ¿Cuál es el fin de una
ciudad en construcción sino una ciudad? ¿Dónde está el plano que siguen, el
proyecto?
--Te lo mostraremos apenas termine la jornada; ahora no podemos
interrumpir --responden.
El trabajo cesa al atardecer. Cae la noche sobre la obra en construcción. Es una
noche estrellada.
--Éste es el proyecto-- dicen.



LAS CIUDADES CONTINUAS. 2

Si al tocar tierra en Trude no hubiese leído el nombre de la ciudad escrito en
grandes letras, hubiera creído llegar al mismo aeropuerto del que partiera. Los
suburbios que tuve que atravesar no eran distintos de aquellos otros, con las mismas
casas amarillentas y verdosas. Siguiendo las mismas flechas se contorneaban los
mismos canteros de las mismas plazas. Las calles del centro exponían mercancías
embalajes enseñas que no cambiaban en nada. Era la primera vez que iba a Trude,
pero conocía ya el hotel donde acerté a alojarme; ya había oído y dicho mis diálogos
con compradores y vendedores de chatarra; otras jornadas iguales a aquélla habían
terminado mirando a través de los mismos vasos los mismos ombligos ondulantes.
¿Por qué venir a Trude? me preguntaba. Y ya quería irme.
--Puedes remontar el vuelo cuando quieras-- me dijeron--, pero llegaras a
otra Trude, igual punto por punto; el mundo está cubierto por una única Trude que
no empieza ni termina, sólo cambia el nombre del aeropuerto.



LAS CIUDADES ESCONDIDAS. 1

En Olinda, el que va con una lupa y busca con atención puede encontrar en
alguna parte un punto no más grande que una cabeza de alfiler donde, mirando con
un poco de aumento, se ven dentro los techos las antenas las claraboyas los jardines
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