Kublai: --...y por lejos que nos lleven nuestras atormentadas empresas de condotieros
y de mercaderes, ambos custodiamos dentro de nosotros esta sombra silenciosa, esta
conversación pausada, esta noche siempre igual.
Polo: --A menos que sea cierta la hipótesis opuesta: que quienes se afanan en los
campamentos y en los puertos existan sólo porque los pensamos nosotros dos, encerrados entre
estos setos de bambú, inmóviles desde siempre.
Kublai: --Que no existan la fatiga, los alaridos, las heridas, el hedor, sino solo esta
planta de azalea.
Polo: --Que los cargadores, los picapedreros, los barrenderos, las cocineras que
limpian las entrañas de los pollos, las lavanderas inclinadas sobre la piedra, las madres de
familia que revuelven el arroz mientras amamantan a los recién nacidos, existan sólo porque
nosotros los pensamos.
Kublai: --A decir verdad, yo no los pienso nunca.
Polo: --Entonces no existen.
Kublai: --No creo que esa conjetura nos convenga. Sin ellos nunca podríamos estar
meciéndonos arrebujados en nuestras hamacas.
Polo: --Hay que excluir la hipótesis, entonces. Por lo tanto será cierta la otra: que
existan ellos y no nosotros.
Kublai: --Hemos demostrado que si existiéramos, no estaríamos aquí.
Polo: --Pero en realidad estamos.




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