de consolar a la entenada, aunque ninguno de ellos conserve los ojos y la voz que
tenía en la escena precedente.
Sucede a veces que un solo interlocutor desempeña al mismo tiempo dos o
más papeles: tirano, benefactor, mensajero; o que un papel se desdobla, se multiplica,
se atribuye a cien, a mil habitantes de Melania: tres mil para el hipócrita, treinta mil
para el gorrón, cien mil hijos de reyes caídos en desgracia que esperan el
reconocimiento.
Con el paso del tiempo hasta los papeles no son exactamente los mismos que
antes; es cierto que la acci6n que impulsan a través de intrigas y golpes de escena
lleva a un desenlace final cualquiera, que sigue acercándose aun cuando la madeja
parezca enredarse más y aumentar los obstáculos. El que se asoma a la plaza en
momentos sucesivos comprende que de un acto a otro el diálogo cambia, aunque las
vidas de los habitantes de Melania sean demasiado breves como para advertirlo.



Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
--¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? -- pregunta Kublai Kan.
--El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla -- responde Marco--, sino
por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
--¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa.
Polo responde:
--Sin piedras no hay arco.




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