extrañeza lo que pasaba por norma, y las virtudes y los defectos han perdido
excelencia o desdoro en un concierto de virtudes y defectos diversamente
distribuidos. En este sentido no hay nada de cierto en cuanto se dice de Aglaura, y,
sin embargo, de ello surge una imagen sólida y compacta de ciudad, mientras
alcanzan menor consistencia los juicios dispersos que se pueden enunciar viviendo
en ella. El resultado es éste: la ciudad que dicen tiene mucho de lo que se necesita
para existir, mientras la ciudad que existe en su lugar existe menos.
Por eso, si quisiera describirte Aglaura ateniéndome a cuanto he visto y
probado personalmente, debería decirte que es una ciudad desteñida, sin carácter,
puesta allí a la buena de Dios. Pero tampoco esto sería verdadero: a ciertas horas, en
ciertos escorzos de camino, ves abrírsete la sospecha de algo inconfundible, raro,
acaso magnifico; quisieras decir qué es, pero todo lo que se ha dicho de Aglaura
hasta ahora aprisiona las palabras y te obliga a repetir antes que a decir.
Por eso los habitantes creen vivir siempre en la Aglaura que crece sólo con el
nombre de Aglaura y no se dan cuenta de la Aglaura que crece en tierra. Y aun yo,
que quisiera tener separadas en la memoria las dos ciudades, no puedo sino hablarte
de una, porque el recuerdo de la otra, por falta de palabras para fijarlo, se ha
dispersado.



--De ahora en adelante seré yo quien describa las ciudades --había dicho el Kan--.
Tú en tus viajes verificarás si existen.
Pero las ciudades visitadas por Marco Polo eran siempre distintas de las pensadas por
el emperador.
--Y sin embargo, he construido en mi mente un modelo de ciudad, de la cual se
pueden deducir todas las ciudades posibles --dijo Kublai--. Aquel encierra todo lo que
responde a la norma. Como las ciudades que existen se alejan en diverso grado de la norma,
me basta prever las excepciones a la norma y calcular sus combinaciones más probables.
--También yo he pensado en un modelo de ciudad de la cual deduzco todas las otras--
respondió Marco--. Es una ciudad hecha sólo de excepciones, impedimentos, contradicciones,
incongruencias, contrasentidos. Si una ciudad así es cuanto hay de más improbable,
disminuyendo el numero de los elementos fuera de la norma aumentan las posibilidades de
que la ciudad verdaderamente sea.
Por lo tanto basta que yo sustraiga excepciones a mi modelo, y en cualquier orden que
proceda llegare a encontrarme delante de una de las ciudades que, si bien siempre a modo de
excepción, existen. Pero no puedo llevar mi operación más allá de cierto límite: obtendría
ciudades demasiado verosímiles para ser verdaderas.




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