olorosas de cuero, de las mujeres que parlotean mientras tejen tapetes de rafia, de los
canales pensiles cuyas cascadas mueven las palas de los molinos: pero la imagen que
estas palabras evocan en tu conciencia iluminada es el gesto que acerca al mandril
hasta los dientes de la fresa repetidos por millares de manos millares de veces en el
tiempo fijado por los turnos de los equipos. Si he de explicarte cómo el espíritu de
Olivia tiende a una vida libre y a una civilización refinada, te hablaré de damas que
navegan cantando por la noche en canoas iluminadas entre las orillas de un verde
estuario; pero es sólo para recordarte que en los suburbios donde desembarcan todas
las noches hombres y mujeres como filas de sonámbulos, hay siempre quien en la
oscuridad rompe a reír, da rienda suelta a las bromas y a los sarcasmos.
Esto quizá no lo sabes: que para hablar de Olivia no podría pronunciar otro
discurso. Si hubiera verdaderamente una Olivia de ajimeces y pavos reales, de
talabarteros y tejedores de alfombras y canoas y estuarios, sería un mísero agujero
negro de moscas, y para describírtelo tendría que recurrir a las metáforas del hollín,
del chirriar de las ruedas, de los gestos repetidos, de los sarcasmos. La mentira no
está en las palabras, está en las cosas.



LAS CIUDADES SUTILES. 4

La ciudad de Sofronia se compone de dos medias ciudades. En una está la
gran montaña rusa de ríspidas gibas, el carrusel con el estrellón de cadenas, la rueda
de las jaulas giratorias, el pozo de la muerte con los motociclistas cabeza abajo, la
cúpula del circo con el racimo de trapecios colgando en el centro. La otra media
ciudad es de piedra y mármol y cemento, con el banco, las fábricas, los palacios, el
matadero, la escuela y todo lo demás. Una de las medias ciudades está fija, la otra es
provisional y cuando su tiempo de estadía ha terminado, la desclavan, la desmontan
y se la llevan para trasplantarla en los terrenos baldíos de otra media ciudad.
Así todos los años llega el día en que los peones desprenden los frontones de
mármol, desarman los muros de piedra, los pilones de cemento, desmontan el
ministerio, el monumento, los muelles, la refinería de petróleo, el hospital, los cargan
en remolques para seguir de plaza en plaza el itinerario de cada año. Ahí se queda la
media Sofronia de los tiros al blanco y de los carruseles, con el grito suspendido de la
navecilla de la montaña rusa invertida, y comienza a contar cuántos meses, cuántos
días tendrá que esperar antes de que vuelva la caravana y la vida entera recomience.



LAS CIUDADES Y LOS INTERCAMBIOS. 3

Al entrar en el territorio que tiene a Eutropia por capital, el viajero ve no una
ciudad sino muchas, de igual tamaño y no disímiles entre sí, desparramadas en un
vasto y ondulado altiplano. Eutropia es no una sino todas esas ciudades al mismo
tiempo; una sola esta habitada, las otras vacías; y esto ocurre por turno. Diré ahora
cómo. El día en que los habitantes de Eutropia se sienten asaltados por el cansancio,
y nadie soporta más su trabajo, sus padres, su casa y su calle, las deudas, la gente a la

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