--¿Viajas para revivir tu pasado? --era en ese momento la pregunta del Kan, que
podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro?
Y la respuesta de Marco:
--El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir
lo mucho que no ha tenido y no tendrá.




LAS CIUDADES Y L A MEMORIA. 5

En Maurilia se invita al viajero a visitar la ciudad y al mismo tiempo a
observar viejas tarjetas postales que la representan como era: la misma plaza idéntica
con una gallina en el lugar de la estación de ómnibus, el quiosco de música en el
lugar del puente, dos señoritas con sombrilla blanca en el lugar de la fabrica de
explosivos. Ocurre que para no decepcionar a los habitantes, el viajero elogia la
ciudad de las postales y la prefiere a la presente, aunque cuidándose de contener
dentro de las reglas precisas su pesadumbre ante los cambios: reconociendo que la
magnificencia y prosperidad de Maurilia convertida en metrópoli, comparada con la
vieja Maurilia provinciana, no compensan cierta gracia perdida, que, sin embargo, se
puede disfrutar solo ahora en las viejas postales, mientras antes, con la Maurilia
provinciana delante de los ojos, no se veía realmente nada gracioso, y mucho menos
se vería hoy si Maurilia hubiese permanecido igual, y que de todos modos la
metrópoli tiene este atractivo más: que a través de lo que ha llegado a ser se puede
evocar con nostalgia lo que era.
Hay que cuidarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre
el mismo suelo y bajo el mismo nombre, nacen y mueren sin haberse conocido,
incomunicables entre sí. En ocasiones hasta los nombres de los habitantes
permanecen iguales, y el acento de las voces, e incluso las facciones; pero los dioses
que habitan bajo esos nombres y en esos lugares se han ido sin decir nada y en su
sitio han anidado dioses extranjeros. Es inútil preguntarse si estos son mejores o
peores que los antiguos, dado que no existe entre ellos ninguna relación, así como las
viejas postales no representan a Maurilia como era, sino a otra ciudad que por
casualidad se llamaba Maurilia como ésta.



LAS CIUDADES Y EL DESEO. 4

En el centro de Fedora, metrópoli de piedra gris, hay un palacio de metal con
una esfera de vidrio en cada aposento. Mirando dentro de cada esfera se ve una
ciudad azul que es el modelo de otra Fedora. Son las formas que la ciudad habría
podido adoptar si, por una u otra razón, no hubiese llegado a ser como hoy la vemos.
En todas las épocas hubo alguien que, mirando a Fedora tal como era, había
imaginado el modo de convertirla en la ciudad ideal, pero mientras construía su
modelo en miniatura, Fedora dejaba de ser la misma de antes, y aquello que hasta


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