soñada lo contenía joven; a Isadora llega a avanzada edad. En la plaza está la
pequeña pared de los viejos que miran pasar la juventud; el hombre está sentado en
fila con ellos. Los deseos son ya recuerdos.



LAS CIUDADES Y EL DESEO. 1

De la ciudad de Dorotea se puede hablar de dos maneras: decir que cuatro
torres de aluminio se elevan desde sus murallas flanqueando siete puertas del puente
levadizo de resorte que franquea el foso cuya agua alimenta cuatro verdes canales
que atraviesan la ciudad y la dividen en nueve barrios, cada uno de trescientas casas
y setecientas chimeneas; y teniendo en cuenta que las muchachas casaderas de cada
barrio se enmaridan con jóvenes de otros barrios y sus familias se intercambian las
mercancías de las que cada una tiene la exclusividad: bergamotas, huevas de
esturión, astrolabios, amatistas, hacer círculos a base de estos datos hasta saber todo
lo que se quiera de la ciudad en el pasado el presente el futuro; o bien decir como el
camellero que me condujo allí: "Llegué en la primera juventud, una mañana, mucha
gente caminaba rápida por las calles hacia el mercado, las mujeres tenían hermosos
dientes y miraban derecho a los ojos, tres soldados sobre una tarima tocaban el clarín,
todo alrededor giraban ruedas y ondulaban papeles coloreados. Hasta entonces yo
sólo había conocido el desierto y las rutas de las caravanas. Aquella mañana en
Dorotea sentí que no había bien que no pudiera esperar de la vida. En los años
siguientes mis ojos volvieron a contemplar las extensiones del desierto y las rutas de
las caravanas, pero ahora sé que este es solo uno de los tantos caminos que se me
abrían aquella mañana en Dorotea".



LAS CIUDADES Y LA MEMORIA. 3

Inútilmente, magnánimo Kublai, intentaré describirte la Ciudad de Zaira de
los altos bastiones. Podría decirte de cuantos peldaños son sus calles en escalera, de
qué tipo los arcos de sus soportales, qué chapas de Zinc cubren los techos; pero sé ya
que sería como no decirte nada. No está hecha de esto la ciudad, sino de relaciones
entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia al
suelo de un farol y los pies colgantes de un usurpador ahorcado; el hilo tendido
desde el farol hasta la barandilla de enfrente y las guirnaldas que empavesan el
recorrido del cortejo nupcial de la reina; la altura de aquella barandilla y el salto del
adúltero que se descuelga de ella al alba; la inclinación de una canaleta y el gato que
la recorre majestuosamente para colarse por la misma ventana; la línea de tiro de la
cañonera que aparece de improviso desde detrás del cabo y la bomba que destruye la
canaleta; los rasgones de las redes de pescar y los tres viejos que sentados en el
muelle para remendar las redes se cuentan por centésima vez la historia de la
cañonera del usurpador, de quien se dice que era un hijo adulterino de la reina,
abandonado en pañales allí en el muelle.


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