El Bhagavad Gita




"En verdad te revelaré mis divinas manifestaciones, Oh Arjuna, mas sólo
he de hablarte de las principales, pues no hay límite para las variantes me-
nores."

Bhagavad Gita, 10-19



Y nosotros, los seres humanos, fuimos hechos «a Su propia imagen y semejanza».
Somos, potencialmente, idénticos al Señor manifestado. El así lo quiso y es gracias a El
que, después de tomar un cuerpo humano, nos hace posible reconocer nuestra auténtica
identidad y propósito de esta vida. Pues el Señor se revela a sí mismo (revela su Cono-
cimiento) a todos los seres humanos que se acercan a El con un corazón humilde y de-
seo sincero de conocer la Verdad.
Los discípulos del Maestro, en épocas anteriores, le servían durante muchos años
para desarrollar amor y devoción por El, y cuando el Maestro se sentía satisfecho con
el amor y servicio de su devoto, por Su Gracia e Infinita Misericordia, le revelaba el
Conocimiento, iniciándolo en una experiencia interior, a través de la cual, el devoto
reconocía la Forma Inmanifiesta de su Señor, como energía pura, la Vibración Primor-
dial que las escrituras citan con diferentes nombre: el Santo Nombre de Dios, la Pala-
bra, el Verbo, el Tao, Sat Nam, Pak Nam, Om, la Palabra Bhrámica, Jehová, etc.
Esta Santa Palabra o Verbo se manifiesta dentro del ser humano, no sólo como esa
vibración, sino que de ella, a su vez provienen otras tres manifestaciones:
Luz Divina; blanca y brillante, solamente visible a través del tercer ojo (tricuti), que
es abierto en el momento de la iniciación. Constituye una experiencia real de visión de
Luz, dentro de nosotros, adoptando diferentes formas que puede variar desde unos res-
plandores nebulosos, hasta una Luz más brillante que el sol. Se conocen casos de per-
sonas que han estado clínicamente muertas y luego vueltas a la vida, que relatan cómo
han tenido la experiencia de ver esta Luz, produciendo una profunda transformación en
el enfoque de sus vidas.
La segunda manifestación se presenta como Música Interior (la armonía de las esfe-
ras), audición interior de sonidos que no tienen nada que ver con los sonidos del mundo
exterior, aunque por similitud se podrían comparar a cantos de pájaros, ruido de cas-
cadas, tañidos de campanas, cantos de grillos, sonidos de la naturaleza, instrumentos
musicales, y numerosos sonidos diversos, que no son referibles siquiera.
Una tercera manifestación es el Néctar (las «aguas vivas» de la vida eterna), que
viene simbolizado en las representaciones del Señor Shiva sentado en meditación, por
un pequeño chorrito en forma de surtidor emanando del centro de su cabeza. En el Gita




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