El Bhagavad Gita




14. Con ánimo sereno y libre de temor, con firme determinación en su voto de entrega a
la santidad, dejando a un lado todo pensamiento, ha de descansar su alma en Mí, su
Dios Supremo.

15. El Yogui que tiene su mente bajo control y vive de esta suerte, dueño de su inteli-
gencia y constantemente unido a su yo superior, obtiene la paz del supremo Nirvana
que reside en Mí.

16. Pero la práctica del Yoga, oh Arjuna, es armonía; no da sus frutos a aquéllos que
comen con exceso o ayunan en demasía, ni tampoco a los que apenas duermen, ni a
los que duermen demasiado.

17. Esta armonía ha de encontrarse tanto en la comida como en el descanso, en el sueño
tanto como en la vigilia. La conciencia de perfección ha de empapar todos nuestros
actos. De este modo, el Yoga se convierte en un bálsamo que nos trae la paz, en
medio de cualquier tipo de sufrimiento.

18. Cuando la mente del Yogui está en silencio, descansándola en reposo adentro, en
comunión con el Espíritu, éste queda inmediatamente libre de los insaciables de-
seos. Sólo entonces se goza de la unión con Dios.

19. El Yogui que, recogido en sí mismo, se haya absorto en la contemplación de la Luz
interior, ha hecho de su alma una lámpara cuya luz, al abrigo del viento, permanece
inalterable sin la mínima oscilación.

20. Cuando la mente descansa con sosiego en la inalterable contemplación del Yoga,
cuando por la gracia del Señor del Espíritu, obtiene la visión del Espíritu: entonces
experimenta dicha plena.

21. De este modo conoce el auténtico buscador la dicha de la eternidad que está fuera
del alcance de los sentidos. Ahí se queda y ya jamás se aparta de la Verdad. Esta vi-
sión interior está más allá de la razón.

22. De este modo se experimenta la dicha y la Verdad, como una visión suprema. No
hay nada más valioso que esto, y firme y constante él permanece, tal que ni aún el dolor
más intenso podría hacerlo vacilar.




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