El Bhagavad Gita




6. El alma es fiel amiga del hombre, sólo cuando ha sido conquistada por el Espíritu.
Para un hombre carente de voluntad que aún no ha conquistado su alma, ésta puede
convertirse en su propio enemigo.

7. Sólo cuando el alma encuentre la paz, él estará en paz: entonces su alma se ha unido a
Dios. Tanto si hace frío como calor, en el placer tanto como en el dolor, tanto en la
gloria como en la desgracia, él siempre permanece unido a Él.

8. Aquél que halla su felicidad en la visión interior del Conocimiento, tiene sujetos sus
sentidos y gozoso el corazón, debido a la experiencia de su propia vida interior. Sólo
entonces puede reconocérsele come un Yogui en armonía. Una vez alcanzado este
estado, para él, el oro no tiene más valor que las piedras de la tierra.

9. Él ha escalado las alturas de su alma y con ecuanimidad contempla a sus parientes,
amigos y compañeros, al igual que a los desconocidos, los que te muestran indiferen-
cia, e incluso a aquéllos que le odian. Él ve a todos iguales desde ese estado de paz
interior.

10. El Yogui debe dedicarse con anhelo al recogimiento espiritual, viviendo aislado en
su solitario retiro interior, en su lugar secreto. Teniendo su mente bajo control, ni
espera nada ni desea nada.

11. Ha de encontrar un lugar puro y calmo, procurándose un asiento cómodo, ni muy
alto ni muy bajo, teniendo como firme de apoyo un terreno con yerba, o bien una
piel, o si no, algún tipo de tejido para poner debajo.

12. Una vez preparado así el asiento, en total reposo ha de practicar el Yoga, para la
purificación de su alma, uniendo su mente con la fuerza vital que habita en su cuer-
po hasta poner su mente en paz. En este silencio, el alma se encuentra en presencia
del Uno.

13. Con el cuerpo recto, al igual que el cuello y la cabeza, relajado y quieto, sin mover-
se; reposando la vista interior, que vaga en varias direcciones, y reposándola con
calma y concentración en medio de las cejas.




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