El Bhagavad Gita




nuncia a la acción y la acción con desapego. Ambas coexisten, pues tienen la misma
esencia.

6. Pero sin practicar el Yoga de la acción pura, muy difícil es, oh Arjuna, hacer vida de
renuncia. Cuando un sabio logra entregarse a la acción libre de apego, pronto ha de
alcanzar la unión con Dios.

7. Las acciones no pueden atar al hombre de corazón puro, que tiene sus sentidos en
armonía y ha entregado su voluntad a la fuerza que le da vida. Su alma vive en la
conciencia de unidad con todo lo que existe.

8. El hombre que está en armonía y que ha sido iniciado en la visión interior de la ver-
dad, con certeza piensa: "Yo no hago riada." Pues cuando ve, o huele, o toca, u oye, o
come, o duerme, o anda, o respira.

9. O cuando habla o toca cosas, o las suelta, incluso cuando abre o cierra sus ojos, él
siempre recuerda: "Son tan sólo los sirvientes de mi alma que, siguiendo sus órdenes,
ejecutan acciones".

10. Ofrece a Dios todas sus acciones, y realiza tu trabajo libre de todo deseo egoísta.
Así, libre estarás del alcance del pecado; al igual que las aguas mugrientas no pue-
den alcanzar las hojas del loto, pues siempre flotará sobre ellas.

11. Las acciones de un auténtico yogui buscan únicamente la purificación de su alma; él
aparta de sí todo deseo egoísta. Tan sólo es su cuerpo, o sus sentidos, o su mente, o
su razón, lo que ejecuta las acciones.

12. El devoto que renuncia al fruto de sus acciones, consigue la paz eterna. Por el con-
trario, el hombre que, acuciado por sus deseos y carente de devoción, busca la re-
compensa de sus acciones, de este modo se encadena a la esclavitud del apego a los
resultados.

13. Aquella alma realizada que ha entregado su mente, desapegándola de todo resultado,
y que descansa en la dicha de la paz que encuentra dentro del castillo de nueve
puertas (que es su cuerpo), jamás actuará por egoísmo, ni inducirá a otros a actuar
así.




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