El Bhagavad Gita




Fue de esta Revelación Interior y del Camino que conduce a ella, de lo que Krishna
habló a Arjuna, y Jesús a sus discípulos; no era otra la razón por la que los primitivos
cristianos morían cantando en el circo romano. También de ello habló Mahoma al
igual que Budha y todas las demás manifestaciones que el Señor ha tomado en la tierra;
sólo esta Verdad se encarna edad tras edad. El es ese Poder omnipotente, omnipresente
y omnisciente que los hombres llamamos con diferentes nombres, como Dios, Alá,
Brahman, Bagwan, Tao, etc. Esta es la Verdad de la que se da testimonio en el Bhaga-
vad Gita.




SU VALOR ESPIRITUAL



El Gita es la escritura sagrada más leída en la India y la más conocida en occidente
por la belleza de su contenido y la universalidad de su mensaje, teniendo muchísimos
puntos comunes con el mensaje esencial contenido en escrituras sagradas procedentes
de otras latitudes, escritas en diferente época y que recogen las enseñanzas de otros
Maestros. Aún así, es obvio que Todos revelaban la misma Experiencia y con el mismo
propósito último.
El Gita, dentro del cuerpo de las revelaciones divinas de la India juega el mismo
papel que los Evangelios, dentro del cuerpo del Antiguo y Nuevo Testamento. Es como
el exponente máximo de la doctrina que ya antes se había expuesto en los cuatro Vedas,
los Brâhmanas, Vedanta-sutras, los Upanishads y el Shrimad Bhagavatam. Pero tam-
poco «fue suficiente», del mismo modo que un evangelio no bastó, ni siquiera los cua-
tro, pues le siguieron las epístolas como complemento explicativo de los pequeños y
concretos casos de la vida discipular, que no quedaban suficientemente cubiertos en las
narraciones evangélicas. Algo parecido ocurrió inevitablemente después del Gita, si-
guiéndoles algunas obras menores que trataban de profundizar más, en esta indescrip-
tible e inagotable fuente de inspiración que es la Revelación del Conocimiento de Dios,
llegando con el transcurso del tiempo hasta un punto, en el que El Señor se hubo de
manifestar públicamente de nuevo, a través de Gautama Budha (500 años a. C.), para
revelar este Conocimiento Eterno a los hombres. Pero esta vez complementó su labor
creando una institución monacal, para proveer a sus iniciados de un ambiente discipli-
nado dentro de unos refugios o monasterios (que actualmente se llaman ashrams), cuyo
propósito básico era garantizar el progreso del discípulo dentro de la estrecha senda




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