El Bhagavad Gita




lógica humana. Así pues, se ha de trascender todo estado mental o racional, para poder
acceder a esta experiencia, anulando el propio ego y la mente.
Aquí precisamente --siendo impotentes por nosotros mismos para obtener esa expe-
riencia de liberación-- se concreta el papel del Maestro Perfecto o Satguru (verdadero
Guru): revelar el modo natural de experimentar esta Vibración dentro de cada ser hu-
mano que, «con humildad y sincero deseo», busca la Verdad. Haciendo de puente, de
transformador, entre ese estado perfecto e infinito con el que Él está fundido, y el esta-
do imperfecto y limitado en que nos encontramos, debido a nuestra identificación con
nuestra mente y nuestro ego.
El Maestro Perfecto lleva al ser humano a su Fuente de origen. Al hacerle entrar en
contacto con ese estado infinito e ilimitado en el que vibra esa Energía Interior, le libra
de la esclavitud de su falso ego individual, que es como una fortaleza, fabricada por el
miedo, a la inseguridad y agonía que produce vivir desconociendo su propia identidad:
el no saber quién es, por qué está aquí y adónde va. Por eso se crea una falsa persona-
lidad, que crece en el abonado terreno del miedo.




MAESTRO, DISCIPULO, DEVOCIÓN




El miedo es tan sólo una cara de la moneda de la vida, cuyo reverso es el amor. El
amor es la llave que ha usado el Maestro, en todas las épocas, para abrir el corazón de
sus devotos. El amor al Maestro, es lo que permite al discípulo desligarse de sus temo-
res y trascender su ego, para fundirse dentro de sí con su Señor, a través de ese lazo tan
fuerte que Él produce entre los dos: amor sublime, devoción, éxtasis de amor.
Esto permite al discípulo entregarse completamente a los Pies de Loto de su Maes-
tro para siempre, para que Él pueda elevarlo a ese estado de Sat Chit Anand, en el que
el Maestro se encuentra. De otro modo, si no se produce esta entrega al Maestro, si no
hay rendición del ego, no permite que el Satguru lo lleve a ese estado que está más allá
de la razón del intelecto y los sentidos. Estado que nadie puede alcanzar por sí mismo.
Así pues, sólo el Maestro Perfecto puede revelar esa experiencia de perfección, que
está más allá de los límites de nuestros sentidos, nuestra mente e incluso nuestra muerte
física.
San Juan, en su evangelio, dice:




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