El Bhagavad Gita




de actividad mental que desarrollamos, a veces necesaria y, bastante a menudo, innece-
saria e involuntaria.
Para producir cualquier pensamiento, para desarrollar cualquier proceso de cál-
culo o razonamiento, nuestro cerebro consume una cierta cantidad de energía vital, ya
que sólo gracias a ella se hace posible el proceso del pensamiento. Tratando de estar
tan sólo un minuto, sin pensar absolutamente nada, se puede comprobar fácilmente qué
vano es nuestro esfuerzo por conseguirlo. Por el contrario, muchos pensamientos nos
asedian continuamente en diferentes direcciones, sin ningún orden ni control, ajenos a
nuestra voluntad y a pesar de no desear producirlos. Esto da idea de cuantos cientos y
cientos de pensamientos innecesarios ocupan nuestra mente durante el día, mantenien-
do nuestro cerebro y sistema nervioso en continuo trabajo y desgaste inútil.
Aquí es donde la meditación cumple perfectamente su papel. Cuando no tenemos
nuestra mente ocupada en resolver algo concreto, necesitamos un punto que tenga el
poder de absorber nuestra atención y concentrarla ahí, para experimentar paz y relax.
De este modo aumentamos nuestra capacidad de rendimiento en nuestro quehacer dia-
rio, que en consecuencia deja de ser una tarea desagradable, convirtiéndose en un foco
de satisfacción.
Si además queremos experimentar paz constante, necesitamos un punto de concen-
tración constante, que siempre esté con nosotros, y utilizable en cualquier circunstan-
cia. Y esto solo es simplemente esta Vibración Primordial que, morando en nuestro in-
terior, nos da la vida, acompañándonos en todo tiempo y lugar a través de todo tipo de
situaciones hasta el momento en que ésta abandona el cuerpo físico, circunstancia que
ocasiona la muerte.
Esta Vibración Primordial se manifiesta por sí sola dentro de todo lo que existe y es
la Realidad Ultima, soporte de toda la creación, siendo el ser humano el último eslabón
de la cadena evolutiva ascendente.
En esta forma humana se tiene la oportunidad, no sólo de vivir, sino de reconocer
por qué vivir, pues el Maestro Perfecto vivo puede abrir la puerta que lleva al ser hu-
mano a fundirse de nuevo con su Fuente. Rompiendo así la ilusoria identificación con el
ego temporal, que no es más que un mal sustituto de esa experiencia interior de total
plenitud en sí misma, que ha sido descrita en los Vedas, Upanishads, el Gita y casi to-
das las escrituras hindúes, como el estado de Sat Chit Anand: Verdad, Conciencia, Di-
cha Suprema. O sea, la experiencia interior de la Verdad, esa energía omnipresente y
eterna, despierta la Conciencia al estado de Dicha Suprema.
También todas las escrituras coinciden en que esta Vibración Primordial no es au-
dible con los oídos externos, ni pronunciable con los labios, ni abarcable por la mente
ni el intelecto, ya que siendo una experiencia infinita, se tiene más allá de la razón y la




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