Julio Cortazar ¾ Bestiario


y de que no ayudaba a formar la colección. Ella lo veía de repente tan chico, tan un
muchachito entre sus caracoles y su hojas.
Volvió la primera, cuando en la casa izaban la bandera para el almuerzo. Don
Roberto venía de inspeccionar e Isabel le preguntó como siempre. Ya Nino se acercaba
despacio, cargando la caja de los caracoles y los rastrillos, Isabel lo ayudó a dejar los
rastrillos en el porch y entraron juntos. Rema estaba ahí, blanca y callada. Nino le puso un
caracol azul en la mano..
-- Para vos, el más lindo.
El Nene ya comía, con el diario al lado, a Isabel le quedaba apenas sitio para apoyar
el brazo. Luis vino el último de su cuarto, contento como siempre a mediodía. Comieron,
Nino hablaba de los caracoles, los huevos de caracoles en las cañas, la colección por
tamaños o colores. Él los mataría solo, porque a Isabel le daba pena, los pondría a secar
contra una chapa de cinc. Después vino el café y Luis los miró con la pregunta usual,
entonces Isabel se levantó la primera para buscar a don Roberto, aunque don Roberto ya le
había dicho antes. Dio vuelta al porch y cuando entró otra vez, Rema y Nino tenían las
cabezas juntas sobre los caracoles, estaban como en una fotografía de familia, solamente
Luis la miró y ella dijo : "Está en el estudio del Nene", se quedó viendo como el Nene
alzaba los hombros, fastidiado, y rema que tocaba un caracol con la punta del dedo, tan
delicadamente que también su dedo tenía algo de caracol. Después Rema se levantó para ir
a buscar más azúcar, e Isabel fue detrás de ella charlando hasta que volvieron riendo por
una broma que habían cambiado en la antecocina. Como a Luis le faltaba tabaco y mandó a
Nino a su estudio, Isabel lo desafió a que encontraba primero los cigarrillos y salieron
juntos. Ganó Nino, volvieron corriendo y empujándose, casi chocan con el Nene que se iba
a leer el diario a la biblioteca, quejándose por no poder usar su estudio. Isabel se acercó a
mirar los caracoles, y Luis esperando que le encendiera como siempre el cigarrillo la vio
perdida, estudiando los caracoles que empezaban despacio a asomar y moverse, mirando de
pronto a rema, pero saliéndose de ella como una ráfaga, y obsesionada por los caracoles,
tanto que no se movió al primer alarido del Nene, todos corrían ya y ella estaba sobre los
caracoles como si no oyera el grito ahogado del Nene, los golpes de Luis en la puerta de la
biblioteca, don Roberto que entraba con perros, y Luis repitiendo: "¡Pero si estaba en el
estudio de él ! ¡Ella dijo que estaba en el estudio de él !", inclinada sobre los caracoles
esbeltos como dedos, quizá como los dedos de Rema, o era la mano de rema que le tomaba
el hombro, le hacía alzar la cabeza para mirarla, para estarla mirando una eternidad, rota
por su llanto feroz contra la pollera de rema, su alterada alegría, y rema pasándole la mano
por el pelo, calmándola con un suave apretar de dedos y un murmullo contra su oído, un
balbucear como de gratitud, de innombrable aquiescencia.




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