Julio Cortazar ¾ Bestiario


de su cuarto y empezó a pegar, miraba a Rema cuando pegaba, parecía furioso contra Rema
y ella lo desafió un momento con los ojos, Isabel asustada la vio que lo encaraba y se ponía
delante para proteger a Nino. Toda la cena fue un disimulo, una mentira, Luis creía que
Nino lloraba por un porrazo, el nene miraba a Rema como mandándola que se callara,
Isabel lo veía ahora con la boca dura y hermosa, de labios rojísimos ; en la tiniebla los
labios eran todavía más escarlata, se le veía un brillo de dientes naciendo apenas. De los
dientes salió una nube esponjosa, un triángulo verde, Isabel parpadeaba para borrar las
imágenes y otra vez salieron Inés y su madre con guantes amarillos ; las miró un momento
y pensó en el formicario: eso estaba ahí y no se veía ; los guantes amarillos no estaban y
ella los veía en cambio como a pleno sol. Le pareció casi curioso, no podía hacer salir el
formicario, más bien lo alcanzaba como un peso, un pedazo de espacio denso y vivo. Tanto
lo sintió que se puso a buscar los fósforos, la vela de noche. El formicario saltó de la nada
envuelto en penumbra oscilante. Isabel se acercaba llevando la vela. Pobres hormigas, iban
a creer que era el sol que salía. Cuando pudo mirar uno de los lados, tuvo miedo ; en plena
oscuridad las hormigas habían estado trabajando. Las vio ir y venir, bullentes, en un
silencio tan visible, tan palpable. Trabajan allí adentro, como si no hubieran perdido todavía
la esperanza de salir.

Casi siempre era el capataz el que avisaba de los movimientos del tigre ; Luis le
tenía la mayor confianza y como se pasaba casi todo el día trabajando en su estudio, no
salía nunca no dejaba moverse a los que venían del piso alto hasta que don Roberto
mandaba su informe. Pero también tenían que confiar entre ellos. Rema, ocupada en los
quehaceres de adentro, sabía bien lo que pasaba en la planta alta y arriba. Otras veces nada,
pero sin don Roberto los encontraba afuera les marcaba el paradero del tigre y ellos volvían
a avisar. A Nino le creían todo, a Isabel menos porque era nueva y podía equivocarse.
Después, como andaba siempre con Nino pegado a sus polleras, terminaron creyéndole lo
mismo. Eso, de mañana y tarde ; por la noche era el Nene quien salía a verificar si los
perros estaban atados o sin no habían quedado rescoldo cerca de las casas. Isabel vio que
llevaba el revólver y a veces un bastón con puño de plata.
A Rema no quería preguntarle porque Rema parecía encontrar en eso algo tan obvio
y necesario ; preguntarle hubiera sido pasar por tonta, y ella cuidaba su orgullo delante de
otra mujer. Nino era fácil, hablaba y refería. Todo tan claro y evidente cuando él lo
explicaba. Sólo por la noche, si quería repetirse esa claridad y esa evidencia, Isabel se deba
cuenta de que la razones importantes continuaban faltando. Aprendió pronto lo que de veras
importaba : verificar previamente si de veras se podía salir de la casa o bajar al comedor de
cristales, al estudio de Luis, a la biblioteca. "Hay que fiar en don Roberto", había dicho
Rema. También en ella y en Nino. A Luis no le preguntaba porque pocas veces sabía. Al
Nene que sabía siempre, no le preguntó jamás. Y así todo era fácil, la vida se organizaba
para Isabel con algunas obligaciones más del lado de los movimientos, y en algunas menos
del lado de la ropa , de las comidas, la hora de dormir. Un veraneo de veras, como debería
ser el año entero.
... verte pronto. Ellos están bien. Con Nino tenemos un formicario y jugamos y
llevamos un herbario muy grande. Rema te manda beso, está bien. Yo la encuentro triste,
lo mismo a Luis que es muy bueno. Yo creo que Luis tiene algo, y eso que estuida tanto.
Rema me dio unos pañuelos de colores preciosos, a Inés le van a gustar. Mamá esto es
lindo y yo me divierto con Nino y don Roberto, es el capataz y nos dice cuando podemos
salir y adónde, una tarde casi se equivoca y nos manda a la costa del arroyo, en eso vino


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