Julio Cortazar ¾ Bestiario


rema se había ido, andaba por el corredor como escapando de algo. Isabel sintió miedo de
su pregunta, un miedo sordo y sin sentido, quizá no de la pregunta como se verla irse así a
rema, del vidrio otra vez límpido donde las galerías desembocaban y se torcían como
crispados dedos dentro de la tierra.


Una tarde hubo siesta, sandía, pelota a paleta en la red que miraba al arroyo, y Nino
estuvo espléndido sacando tiros que parecían perdidos y subiéndose al techo por la glicina
para desenganchar la pelota metida entre dos tejas. Vino un peoncito del lado de los sauces
y los acompañó a jugar, pero era lerdo y se le iban los tiros. Isabel olía hojas de aguaribay y
en un momento, al devolver con un revés una pelota insidiosa que Nino le mandaba baja,
sintió como muy adentro la felicidad del verano. Por primera vez entendía su precencia en
Los Horneros, las vacaciones , Nino. Pensó en el formicario, allá arriba, y era una cosa
muerta y rezumante, un horror de patas buscando salir, un aire vaciado y venenoso. Golpeó
la pelota con rabia, con alegría, cortó un tallo de aguaribay con los dientes y lo escupió
asqueada, feliz, por fin de veras bajo el sol del campo.
Los vidrios cayeron como granizo. Era en el estudio del Nene. Lo vieron asomarse
en mangas de camisa, con los anchos anteojos negros.
-- ¡Mocosos de porquería!
El peoncito escapaba. Nino se puso al lado de Isabel, ella lo sintió temblar con el
mismo viento que los sauces.
-- Fue sin querer, tío.
-- De veras, Nene, fue sin querer.
Ya no estaba.

Le había pedido a rema que se llevara el formicario y Rema se lo prometió. Después
charlando mientras la ayudaba a colgar su ropa y a ponerse el piyama, se olvidaron. Isabel
sintió la cercanía de las hormigas cuando rema le apagó la luz y se fue por el corredor a
darle las buenas noches a Nino todavía lloroso y dolido, pero no se animó a llamarla de
nuevo, rema hubiera pensado que era una chiquilina. Se propuso dormir en seguida, y se
desveló como nunca. Cuando fue el momento de las caras en la oscuridad, vio a su madre y
a Inés mirándose con un sonriente aire de cómplices y poniéndose unos guantes de
fosforescente amarillo. Vio a Nino llorando, a su madre y a Inés con los guantes que ahora
eran gorros violeta que les giraban y giraban en la cabeza, a Nino con ojos enormes y
huecos -- tal vez por haber llorado tanto -- y previó que ahora vería a Rema y a Luis,
deseaba verlos y no al Nene, pro vio al Nene sin los anteojos, con la misma cara contraía
que tenía cuando empezó a pegarle a Nino y Nino se iba echando atrás hasta quedar contra
la pared y lo miraba como esperando que eso concluyera, y el Nene volvía a cruzarle la cara
con un bofetón suelto y blando que sonaba a mojado, hasta que Rema se puso delante y él
se rió con la cara casi tocando la de rema, y entonces se oyó volver a Luis y decir desde
lejos que ya podían ir al comedor de adentro. Todo tan rápido, todo porque Nino estaba ahí
y Rema vino a decirles que no se movieran del living hasta que Luis verificara en qué pieza
estaba el tigre, y se quedó con ellos mirándolos jugar a las damas. Nino ganaba y Rema lo
elogió, entonces Nino se puso tan contento que le pasó los brazos por el talle y quiso
besarla. Rema se había inclinándose riéndose, y Nino la besaba en los ojos y la nariz, los
dos se reían y también Isabel, estaban tan contentos jugando así. No vieron acercarse al
Nene, cuando estuvo a l lado arrancó a Nino de un tirón, le dijo algo del pelotazo al vidrio


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