Julio Cortazar ¾ Bestiario


hormigas y en la costa del arroyo dieron con un enorme cascarudo y lo tiraron también
adentro para ver. La idea del formicario la habían sacado del Tesoro de la Juventud, y Luis
les prestó un largo y profundo cofre de cristal.. Cuando se iban, llevándolo entre los dos,
Isabel le oyó decirle a Rema : "Mejor que se estén así quietos en casa". También le pareció
que rema suspiraba. Se acordó antes dormirse, a la hora de las caras en la oscuridad, lo vio
otra vez al Nene saliendo a fumar al porche, delgado y canturreando, a rema que le levaba
el café y él que tomaba la taza equivocándose, tan torpe que apretó los dedos de rema al
tomar la taza, Isabel había visto desde el comedor que Rema tiraba la mano atrás y el Nene
salvaba apenas la taza de caerse, y se reían con la confusión. Mejor hormigas negras que
coloradas : más grandes, más feroces. Soltar después un montón de coloradas, seguir la
guerra detrás del vidrio, bien seguros. Salvo que no se pelearan. Dos hormigueros, uno en
cada esquina de la caja de vidrio. Se consolarían estudiando las distintas costumbres, con
una libreta especial para cada clase de hormigas. Pero casi seguro que se pelearían, guerra
sin cuartel para mirar por los vidrios, y una sola libreta.

A Rema no le gustaba espiarlos, a veces pasaba delante de los dormitorios y los veía
con el formicario al lado de la ventana, apasionados e importantes . Nino era especial para
señalar en seguida las nuevas galerías, e Isabel ampliaba el plano trazado con tinta a doble
página. Por consejo de Luis terminaron aceptando hormigas negras solamente, y el
formicario ya era enorme, las hormigas parecían furiosas y trabajaban hasta la noche,
cavando y removiendo con mil órdenes y evoluciones, avisado frotar de antenas y patas,
repentinos arranques de furor o vehemencia, concentraciones y desbandes sin causa visible.
Isabel ya no sabía que apuntar, dejó poco a poco la libreta, dejó poco a poco la libreta y se
pasaban estudiando y olvidándose los descubrimientos. Nino empezaba a querer volver al
jardín, aludía a las hamacas y a los petisos. Isabel lo despreciaba un poco. El formicario
valía más que todo Los Horneros, y a ella le encantaba pensar que las hormigas iban y
venían sin miedo a ningún tigre, a veces le daba por imaginarse un tigrecito chico como una
goma de borrar, rondando las galerías del formicario ; tal vez por eso los desbandes, las
concentraciones. Y le gustaba repetir el mundo grande en el de cristal, ahora que se sentía
un poco presa, ahora que estaba prohibido bajar al comedor hasta que Rema les avisara.
Acercó la nariz a uno de los libros, de pronto atenta porque le gustaba que ella
consideraran ; oyó a rema detenerse en la puerta, callar, mirarla. Esas cosas las oía con tan
nítida claridad cuando era Rema.
-- ¿Por qué así sola ?
-- Nino se fue a las hamacas. Me parece que ésta debe ser una reina, es grandísima.
El delantal de Rema se reflejaba en el vidrio. Isabel le vio una mano levemente
alzada, con el reflejo en el vidrio parecía como si estuviera dentro del formicario, de pronto
pensó en la misma mano dándole la taza de café al Nene, pero ahora eran las hormigas que
le andaban por los dedos, las hormigas en vez de la taza y la mano del Nene apretándole las
yemas.
-- Saque la mano, Rema -- pidió
-- ¿La mano ?
-- Ahora está bien. El reflejo asusta a las hormigas.
-- Ah. Ya se puede bajar al comedor.
-- Después. ¿El Nene está enojado con Ud., Rema ?.
La mano pasó sobre el vidrio como un pájaro por una ventana. A Isabel le pareció
que las hormigas se espantaban de veras, que huían de reflejo. Ahora ya no se veía nada,


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