Julio Cortazar ¾ Bestiario


un asco que el viento le sacó de un manotazo. No tenía miedo de viajar sola porque era una
chica grande, con nada menos que veinte pesos en la cartera, Compañía Sansinena de de
Carnes Congeladas metiéndose por la ventanilla con un olor dulzón, el Riachuel amarillo e
Isabel repuesta ya del llanto forzado, contenta, muerta de miedo, activa en el ejercicio pleno
de su asiento, su ventanilla, viajera casi única en un pedazo de coche donde se podía probar
todos los lugares y verse en los espejitos. Pensó una o dos veces en su madre, en Inés --ya
estarían en el 97, saliendo de Constitución--, leyó prohibido fumar, prohibido escupir,
capacidad 42 pasajeros sentados, pasaban por Banfield a toda carrera, ¡vuuuúm ! campo
más campo mezclado con el gusto de milkibar y las pastilla de mentol. Inés le había
aconsejado que fuera tejiendo la mañanita de lana verde., de manera que Isabel la llevaba
en lo más escondido de su maletín, pobre Inés con cada idea tan pava.
En la estación le vino un poco de miedo, porque si el break... Pero estaba Ahí, con
don Nicasio florido y respetuoso, niña de aquí y niña de allá, si el viaje bueno, si doña Elisa
siempre guapa, claro que había llovido -- Oh andar del break, vaivén para traerle el entero
acuario de su anterior venida a los Horneros. Todo más a menudo, más de cristal y rosa, sin
el tigre entonces, con don Nicanor menso canoso, apenas tres años atrás., Nino un sapo,
Nino un pescado, y las manos de Rema que daban deseos de llorar y sentirlas eternamente
contra su cabeza, en una caricia casi de muerte y de vainillas con crema, las dos mejores
cosas de la vida.

Le dieron un cuarto arriba, entero para ella, lindísimo. Un cuarto para grande (idea
de Nino, todo rulos negros y ojos, bonito en su mono azul ; claro que de tarde Luis lo hacía
vestir muy bien, de gris pizarra con corbata colorada) dentro de otro cuarto chiquito con un
cardenal enorme y salvaje. El baño quedaba a dos puertas (pero internas, de modo que se
podía ir sin averiguar antes dónde estaba el tigre), lleno de canillas y metales, aunque a
Isabel no la engañaban fácil y ya en el baño se notaba bien el campo, las cosas no eran tan
perfectas como en un baño de ciudad. Olía a viejo, la segunda mañana encontró un bicho de
humedad paseando por el lavabo. Lo tocó apenas, se hizo una bolita temerosa, perdió pie y
se fue por el agujero borboteante.

Querida mamá tomo la pluma para -- Comían en el comedor de cristales , donde se
estaba más fresco. El Nene se quejaba a cada momento del calor, Luis no decía nada pero
poco a poco se le veía brotar el agua en la frente y la barba. Solamente rema estaba
tranquila, pasaba los platos despacio y siempre como si la comida fuera de cumpleaños, un
poco solemne y emocionante. (Isabel aprendía en secreto su manera de trinchar, de dirigir a
las sirvientitas). Luis casi siempre leía, los puños en las sienes y el libro apoyado en un
sifón. Rema le tocaba el brazo antes de pasarle el plato, y a veces el Nene lo interrumpía y
lo llamaba filósofo. A Isabel le dolía que Luis fuera filósofo, no por eso sino por el Nene
tenía pretexto para burlarse y decírselo.
Comían así : Luis en la cabecera, Rema y Nino en un lado, el Nene e Isabel del otro
, de manera que había un grande en la punta y a los lados un chico y un grande. Cuando
Nino quería decirle algo de veras le daba con el zapato en la canilla. Una vez Isabel gritó y
el Nene se puso furioso y le dijo malcriada. Rema se quedó mirándola, hasta que Isabel se
consoló en su mirada y la sopa juliana.
Mamita, antes de ir a comer es como en todos los otros momentos, hay que fijarse si
-- Casi siempre era Rema la que iba a ver si se podía pasar al comedor de cristales. Al
segundo día vino al living grande y les dijo que esperaran. Pasó un rato largo hasta que un


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