Julio Cortazar ¾ Bestiario


respiración de los Mañara levantados, escondiéndose en el comedor para espiarlos, estaba
seguro de que los Mañara habían oído y estaban ahí, contra la puerta, en la sombra del
comedor, oyendo cómo él hacía callar a Delia. Aflojó el apretón y la dejó resbalar hasta el
sofá, convulsa y negra pero viva. Oía jadear a los Mañara, le dieron lástima por tantas
cosas, por Delia misma, por dejársela otra vez y viva. Igual que Héctor y Rolo se iba y se
las dejaba. Tuvo mucha lástima de los Mañara que habían estado ahí agazapados y
esperando que él --por fin alguno-- hiciera callar a Delia que lloraba, hiciera cesar por fin
el llanto de Delia.




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