Julio Cortazar ¾ Bestiario


(Mentor Homeopático). Uno de nosotros ha tenido con intermitencias una fase Pulsatilla,
vale decir que tiende a mostrarse voluble, llorona, exigente, irritable. Esto aflora al anoche-
cer, y coincide con el cuadro Petroleum que afecta al otro, un estado en el que todo --
cosas, voces, recuerdos-- pasan por encima de él, entumeciéndolo y envarándolo. Así es
que no hay choque, apenas un sufrir paralelo y tolerable. Después, a veces, viene el sueño.
Tampoco quisiéramos poner en estas notas un énfasis progresivo, un crecer
articulándose hasta el estallido patético de la gran orquesta, tras la cual decrecen las voces y
se reingresa a una calma de hartazgo. A veces estas cosas que inscribimos ya nos han
ocurrido (como la gran cefalea Glonoinum el día en que nació la segunda camada de
mancuspias), a veces es ahora o por la mañana. Creemos necesario documentar estas fases
para que el doctor Harbín las agregue a nuestra historia clínica cuando volvamos a Buenos
Aires. No somos hábiles, sabemos que de pronto nos salimos del tema, pero el doctor
Harbín prefiere conocer los detalles circundantes de los cuadros. Ese roce contra la ventana
del baño que oímos de noche puede ser importante. Puede ser un síntoma Cannabis indica;
ya se sabe que un cannabis indica tiene sensaciones exaltadas, con exageración de tiempo y
distancia. Puede ser una mancuspia que se ha escapado y viene como todas a la luz.
Al principio éramos optimistas, todavía no hemos perdido la esperanza de ganar una
buena suma con la venta de las crías jóvenes. Nos levantamos temprano, midiendo el
creciente valor del tiempo en la fase final, y al principio casi no nos afecta la fuga del
Chango y Leonor. Sin preaviso, sin cumplir para nada el estatuto, se nos han ido anoche los
muy hijos de puta, llevándose el caballo y el sulky, la manta de uno de nosotros, el farol de
carburo, el último número de Mundo Argentino. Por el silencio en los corrales sospechamos
su ausencia, hay que apurarse a soltar las crías para la lactancia, preparar los baños, la
avena malteada. Todo el tiempo pensamos que no se debe pensar en lo ocurrido, trabajamos
sin admitir que ahora estamos solos, sin caballo para salvar las seis leguas hasta Puan, con
provisiones para una semana, y rondados por linyeras inútiles ahora que en las otras
poblaciones se ha difundido el rumor estúpido de que criamos mancuspias y nadie se arrima
por miedo a enfermedades. Sólo trabajando y con salud podemos tolerar una conjuración
que nos agobia hacia mediodía, en el alto del almuerzo (uno de nosotros prepara
bruscamente una lata de lenguas y otra de arvejas, fríe jamón con huevos), que rechaza la
idea de no dormir la siesta, nos encierra en la sombra del dormitorio con más dureza que las
puertas a doble cerrojo. Recién ahora recordamos con claridad el mal dormir de la noche,
ese vértigo curioso, transparente, si se nos permite inventar esta expresión. Al despertar, al
levantarnos, mirando hacia adelante, cualquier objeto --pongamos, por ejemplo, el
ropero-- es visto rotando a velocidad variable y desviándose en forma inconstante hacia un
costado (lado derecho); mientras al mismo tiempo, a través del remolino, se observa el
mismo ropero parado firmemente y sin moverse. No hay que pensar mucho para distinguir
allí un cuadro Cydamen, de modo que el tratamiento actúa en pocos minutos y nos equilibra
para la marcha y el trabajo. Mucho peor es advertir en plena siesta (cuando las cosas son
tan ellas mismas, cuando el sol las repliega duramente en sus aristas) que en el corral de las
mancuspias grandes hay agitación y parloteo, una renuncia súbita e inquietante al reposo
que las engorda. No queremos salir, el sol alto sería la cefalea, cómo admitir ahora la
posibilidad de cefalea cuando todo depende de nuestro trabajo. Pero habrá que hacerlo,
crece la inquietud de las mancuspias y es imposible seguir en la casa cuando de los corrales
llega un rumor nunca oído, entonces nos lanzamos fuera protegidos por cascos de corcho,
nos separamos después de un precipitado conciliábulo, uno de nosotros corre a las jaulas de
las madres en tanto que el otro verifica los cierres de portones, el nivel del agua en el


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