Julio Cortazar ¾ Bestiario




Cefalea




Debemos a la doctora Margaret L. Tyler las imágenes más
hermosas del presente relato. Su admirable poema, Síntomas
orientadores hacia los remedios más comunes del vértigo y cefaleas
apareció en la revista Homeopatía (publicada por la Asociación Médica
Homeopática Argentina), año XIV, n. 32, abril de 1946, páginas 33 y ss.
Asimismo agradecemos a Ireneo Fernando Cruz el habernos
iniciado, durante un viaje a San Juan, en el conocimiento de las
mancuspias.


Cuidamos las mancuspias hasta bastante tarde, ahora con el calor del verano se
llenan de caprichos y versatilidades, las más atrasadas reclaman alimentación especial y les
llevamos avena malteada en grandes fuentes de loza; las mayores están mudando el pelaje
del lomo, de manera que es preciso ponerlas aparte, atarles una manta de abrigo y cuidar
que no se junten de noche con las mancuspias que duermen en jaulas y reciben alimento
cada ocho horas.
No nos sentimos bien. Esto viene desde la mañana, tal vez por el viento caliente que
soplaba al amanecer, antes de que naciera este sol alquitranado que dio en la casa todo el
día. Nos cuesta atender a los animales enfermos --esto se hace a las once-- y revisar las
crías después de la siesta. Nos parece cada vez más penoso andar, seguir la rutina;
sospechamos que una sola noche de desatención sería funesta para las mancuspias, la ruina
irreparable de nuestra vida. Andamos entonces sin reflexionar, cumpliendo uno tras otro los
actos que el hábito escalona, deteniéndonos apenas para comer (hay trozos de pan en la
mesa y sobre la repisa del living) o mirarnos en el espejo que duplica el dormitorio. De
noche caemos repentinamente en la cama, y la tendencia a cepillarnos los dientes antes de
dormir cede a la fatiga, alcanza apenas a sustituirse por un gesto hacia la lámpara o los
remedios. Afuera se oye andar y andar en círculo a las mancuspias adultas.
No nos sentimos bien. Uno de nosotros es Aconitum, es decir que debe
medicamentarse con aconitum en diluciones altas si, por ejemplo, el miedo le ocasiona
vértigo. Aconitum es una violenta tormenta, que pasa pronto. De qué otro modo describir el
contraataque a una ansiedad que nace de cualquier insignificancia, de la nada. Una mujer se
enfrenta repentinamente con un perro y comienza a sentirse violentamente mareada.
Entonces aconitum, y al poco rato sólo queda un mareo dulce, con tendencia a marchar
hacia atrás (esto nos ocurrió, pero era un caso Bryonia, lo mismo que sentir que nos
hundíamos con, o a través de la cama).
El otro, en cambio, es marcadamente Nux Vómica. Después de llevar la avena
malteada a las mancuspias, tal vez por agacharse demasiado al llenar la escudilla, siente de
golpe como si le girara el cerebro, no que todo gire en torno --el vértigo en sí-- sino que la


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